EL ESTÍMULO DE UN PENSADOR FAMOSO O EL DESPERTAR DE LA GENIALIDAD OCULTA

Guillermo F. Parodi

Prof. Guillermo F. Parodi.                   Docente de  Ing. Industrial

Cuando una persona alcanza una merecida fama por su capacidad intelectual, adquiere, lo desee o no, una gran Responsabilidad Social.

La causa es sencilla pero valiosa. Adoptada por los que la conocen, como referente intelectual, sus palabras serán tomadas siempre como provenientes de profundas y probadas elaboraciones. El día que tosa ante una audiencia, esa tos, en cuanto a sonido y oportunidad será analizada profundamente buscando la genialidad.

Eso es general bueno, pues la persona referente puede decir cualquier disparate y lo que actúa ahora no es solamente el disparate (que puede ser vacío en contenido), sino el estímulo que provoca, por provenir de un pensador famoso. El interlocutor buscará la genialidad y en un proceso de estímulo creativo, llenará con su genialidad las carencias del referente.

Ahora voy a un ejemplo que he vivido. Al final de una conferencia dictada en Bruselas en noviembre de 1970, el filósofo Jean Paul Sartre respondió a la pregunta: ¿Qué es la inteligencia?, con las siguientes palabras: “La inteligencia es la voluntad de seguir adelante”. Respuesta a todas luces extraña y de insegura generalidad. Pero: ¿Qué pasó? Como el que las pronunció fue el genial Jean Paul Sartre, la frase debía ser necesariamente genial. El Centro de Estudiantes de Lovaina consagró todo un número de su revista a la conferencia y un artículo completo a la frase “La inteligencia es la voluntad de seguir adelante”. En ese artículo profesores y estudiantes habían hecho su aporte dando lugar a un trabajo de primera línea. Primero dieron un resumen histórico sobre la medición de la inteligencia, después mostraron que esas mediciones eran insuficientes y en muchos casos engañosas (anticipándose a los actuales estudios sobre la inteligencia emocional) y, como colofón, mostraron que el aporte de Jean Paul, era una pieza importantísima en la medición de la inteligencia, ya que era una condición siempre necesaria para manifestarla. En última instancia Sartre solo había actuado como catalizador para encender las ideas geniales de quienes lo seguían, ideas que sin el estímulo del maestro hubieran quedado dormidas y guardadas sin usar, (la acción de ese catalizador era la que también emprendía Sócrates, aunque con otro método puramente racional, la mayéutica).

Seguro que al final de la conferencia Sartre estaría cansado y con ganas de pensadorirse a tomar un vinito, pero su educación hizo que contestase a la pregunta. Agotado recurrió a lo primero que se le vino en mente, que fue “La inteligencia es la voluntad de seguir adelante”. Sonrió, tomó su portafolio, y se fue a buscar a Simonne de Bouvoir para tomarse el vinito.

Pero no solo Sartre, hay muchos ejemplos, tomemos el dicho de Mao Tze Tung: “Antes de emprender una batalla hay que reconocer quién es el enemigo”, irreverente trivialidad que si un general la usase en la arenga a la tropa entes de la batalla, arrancaría una incontenible carcajada. Pues no, como lo dijo Mao figura en el Famoso Libro Rojo de la Revolución Cultural. Y, no solo eso, la gente lo usa en las discusiones. Cuando alguien ataca a una persona en una discusión, ésta puede defenderse diciendo: tal como recomendaba Mao, antes de atacar, “debes reconocer quién es el enemigo”, pues yo no soy tu enemigo.

Pero hemos aprendido algo útil, que ya aconsejaba sabiamente Pascal. No debemos ocultar nuestros méritos y menos aún los logros, distinciones y honores académicos. Con humildad hay que exponerlos, pues con ello se despierta en el auditorio esa expectativa que hace que muchos miembros se conviertan en creadores de conceptos cuando perciban agujeros conceptuales.

 

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