Ética y Responsabilidad Intelectual del Docente del siglo XXI

Lurdes-Saffi

Prof. Lurdes Saffi | Docente de la UA

Para iniciar el desarrollo de este tema, prima una reflexión sobre la ética que debe poseer el educador universitario, nunca está de más comenzar por la distinción misma entre ética y responsabilidad. La palabra responsabilidad viene del latín que significa responsum, es un sustantivo abstracto que deriva del verbo responder (en latín responderé) que implica hacerse cargo, contestar

La responsabilidad implica hacernos cargos de las consecuencias de nuestras acciones, como la virtud de ser la causa de los propios actos, es decir, de ser libre pudiendo existir una responsabilidad moral, impuesta por nuestra propia conciencia. La responsabilidad también nos ayuda a valorar a los demás y a no causarles daños.

Ética –del griego ethos– significa carácter, modo de ser, decir, personalidad de quien posee determinados hábitos y costumbres por los que se caracteriza su accionar. Consiste, por lo tanto, en la reflexión sobre cómo la persona construye su carácter moral, su ethos.

Pero, ¿para qué necesitamos esta reflexión? ¿Para qué una ética del docente? Para construir una vida plenamente humana, una vida buena y feliz, personal y socialmente.

El docente debe inculcar valores, forjar virtudes, para construir el carácter del estudiante. Y un carácter bien fundado, es lo que le permite a cada uno vivir más plenamente, ser una persona saludable social e individualmente; ser plenos (es serlo) desde otros y para otros. Este es el todo de la ética docente.

Si la ética estudia el desarrollo de la libre voluntad del hombre, sin perjudicar al prójimo; el docente debe reflexionar con conciencia la labor que le compete, el cómo impartir sus saberes con autoridad. Y, ¿Cómo ejercer la verdadera autoridad sin evadir a la ética? En Latinoamérica luchamos con la falta de entendimiento acerca de la palabra autoridad.

Algunos creen que por la sencilla razón de poseer el “título” de docente o por ocupar un cargo jerárquico, tienen autoridad. Para que un individuo, o, específicamente un especialista en dictar clases universitarias puedan ejercer autoridad debe tener responsabilidad intelectual en cuanto a su formación integral, y compromiso para ver el potencial que hay en cada uno de sus educandos, desarrollándolos al máximo sus capacidades, sus competencias los dones y talentos que ya poseen y sobre esto guiar con honestidad, para que ellos puedan construir conocimientos significativos y sobre todo con valores éticos.

Por consiguiente, la esencia del docente debería ser la confiabilidad, la seguridad y el compromiso basado en la ética y la moral, que los lleva en el campo de la enseñanza con motivos puros y que sean correctos; que los alumnos concluyan que su profesor es una persona recta, una persona segura de sí misma y de lo que enseña.

Al ser confiable se convierte automáticamente en un ser responsable, y la virtud del docente de éxito es la habilidad para asumir con responsabilidad el preciado arte de la enseñanza, con la frente erguida y la conciencia limpia lo lleva a un pensamiento atinado que a su vez conlleva a una contribución consistente a la práctica docente, pero, esto exige profundidad de carácter que permite a los educadores seguir adelante sin importar las dificultades que se presenten durante el semestre o el año lectivo. Como decía Wiston Churchill “No es suficiente que hagamos lo mejor; a veces tenemos que hacer lo que se requiere que hagamos”.

Para un buen docente no existe excusas, lo que predica debe vivir y ser coherente, un profesor con ética y responsabilidad debe justificar lo que es: ser Maestro.

De hecho nadie nace maestro, y ahora me viene a la mente un episodio que leí en un libro; dice que: Un turista hace una visita rápida a una pequeña ciudad, esforzándose al máximo para obtener la mayor información en el menor tiempo, con el propósito de conocer todo lo posible. Mientras caminaba detuvo a un ciudadano local y le preguntó: “¿Nació aquí algún profesor famoso? A lo que el ciudadano respondió: “No, aquí solamente nacen bebés”.

Por lógica podemos deducir que nadie nace maestro, todos necesitamos recibir la información y preparación para serlo.

En los albores del siglo XXI, surgen nuevos paradigmas sobre cómo ejercer la docencia e implementar nuevas prácticas sustentadas en las teorías de los grandes pedagogos de la historia. Hoy en día no basta solo con saber; los nuevos pilares del aprendizaje del siglo XXI que recita lo siguiente: Saber aprender a aprender; saber hacer; saber ser, y saber convivir con los demás.

La docencia va más allá de un mero conocimiento, uno debe tener vocación, talento, dones para ejercerla. En mi andar por la universidad me he percatado de que algunos toman como una opción la enseñanza; es una entrada extra en cuanto a lo económico por el simple hecho de estar ocupado, por no regresar temprano a casa; entonces decide después de su trabajo, vacacionar por las aulas de la universidad, y eso es falta de ética y responsabilidad. Por lo tanto la enseñanza no debería ser una opción sino un estilo de vida basados en principios morales y éticos.

La función más noble del docente consiste en elevar a sus estudiantes en la máxima potencia, en todas las áreas, que sean personas íntegras, profesionales competentes, confiables con principios, para una sociedad mejor; esto requiere voluntad de parte del docente, amor hacia los demás, compromiso moral, un análisis profundo examinando su propia conciencia para verse así mismo donde está parado, y a partir de ahí poder plasmar en la mente y en el corazón de sus educandos, tanto lo cognitivo como la transmisión de un espíritu recto que condice con la profesión, la cual eligió para ejercer en la sociedad que le toque vivir.

Para concluir, el ser profesional digno representa la excelencia, el compromiso, el decoro que tiene la persona y el respeto consigo mismo y hacia los demás.

Ahora bien, nosotros como docentes, debemos acatar la ética y adoptar como un estilo de vida, por el solo hecho de haber elegido la más sublime de las profesionales; nuestras decisiones deben estar respaldadas por las demás personas que creen fielmente en nosotros y en nuestra palabra.

Por ello, debemos seguir los principios básicos que nos competen como son:

1. La integridad

2. Responsabilidad

3. Confidencialidad

4. Competencia y actualización profesional

5. Respeto primeramente entre colegas y luego con los alumnos

6. Y sobre todo una conducta ética.

 

De nosotros depende nuestra profesión, para realzar al máximo nuestro compromiso como docentes íntegros capaces de poner en práctica estos principios, siendo responsables, confiables, etc. si llegamos a lograr todo esto; seguro que los usuarios de la información que son nuestros alumnos jamás volverán a poner en duda de cuan éticos y responsables somos, y por consecuencia gozaremos nuevamente de su confianza y respeto, volveremos a emitir una enseñanza con autoridad, propiedad, ética y responsabilidad intelectual.

 

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