¿Estudias con una mente abierta?

Prof. Lidia Gómez de la Fuente

Catedrática de las materias de Economía y Macroeconomía en la carrera de Ingeniería Industrial y Microeconomía II de la carrera de Ingeniería en Marketing.

En educación se distinguen dos paradigmas educativos predominantes: el conductismo y el constructivismo. El primero se centra en que el estudiante sea un buen receptor de los contenidos; es decir, la única pretensión de éste modelo es que el estudiante aprenda lo que se le enseña. La enseñanza en éste contexto se centra en los contenidos como conductas para aprender y almacenar para aprobar, la motivación es externa y se apoya en premios o castigos como reforzadores del aprendizaje. El modelo de persona y de ciudadano que pretende formar es positivista y competitivo pero a la vez pasivo, acrítico y acreador. Adicionalmente en éste paradigma el individualismo suele primar sobre la cooperación. Nacido a principios del Siglo XX éste paradigma fue gradualmente reemplazado por el modelo constructivista según el cual el estudiante es el constructor de su propio conocimiento siendo el docente apenas un guía, un orientador en el proceso de formación, actuando sólo en la mediación del aprendizaje. Enfatiza la importancia de la cultura y el contexto para entender los problemas sociales y construir conocimientos entre todos. El modelo de persona y de ciudadano que pretende desarrollar es crítico, constructivo y creador, más que saber contenidos, considera que el conocimiento es útil cuando es descubierto con los propios esfuerzos. Es decir, éste modelo busca superar la memorización mecánica de contenidos y le otorgar sentido lógico a lo que el estudiante aprende.

La mayoría de los docentes hemos sido formados en el primer paradigma, debido a esto tu experiencia en el proceso de aprendizaje te hará recordar personas que enfocaron su manera de enseñar en base a las características antes descritas; sin embargo, la Universidad Americana hace un par de años ha iniciado programas de formación continua para profesores en el ámbito didáctico – pedagógico con miras a capacitar al staff docente en el modelo constructivista.

No obstante, considerando que el proceso enseñanza – aprendizaje supone la participación de dos actores (docente y estudiante) sería bueno que vayas incorporando, por motu propio, ciertos hábitos de estudio que te serán muy beneficiosos y que te ayudarán a desarrollar capacidades para un aprendizaje significativo.

Quizás hayas oído hablar sobre el Pensamiento Crítico. El pensamiento crítico es ese modo de pensar – sobre cualquier tema, contenido o problema – en el cual el pensante mejora la calidad de su pensamiento al apoderarse de las estructuras inherentes del acto de pensar y al someterlas a estándares intelectuales . Su importancia, en éste nivel de tu formación, radica en el hecho de que pronto te convertirás en un profesional y ocuparás una posición relevante en la sociedad; vale decir, te convertirás en un referente en tu área disciplinar. Sería muy triste que, al ser consultado sobre algún aspecto importante sobre una situación local o incluso internacional no tuvieras la competencia para emitir un juicio o una postura crítica basada en las habilidades del pensamiento y el razonamiento lógico.

Para evitar éste tipo de aprietos te propongo que vayas desarrollando por ti mismo el ejercicio de la racionalidad a través de éstos sencillos pasos:

  1. Demuestra tu conocimiento: haciendo listas, clasificaciones y descripciones
  2. Trata de comprender, de entender y no sólo de memorizar: define, explica, resume con tus propias palabras.
  3. Usa tu aprendizaje, aplícalo: resuelve un problema y aplícalo a una situación real o a una nueva situación.
  4. Realiza análisis: compara y contrasta, establece diferencias entre distintas cuestiones.
  5. Realiza síntesis: crea algo nuevo, haz combinaciones, inventa.
  6. Evalúa y explica el por qué de las cosas: recomienda, valora.

Recuerda que la habilidad del pensamiento crítico reside en el hecho de poder despojarnos de las subjetividades, de analizar las circunstancias sin prejuicios de ninguna índole.

Para terminar, me gustaría recordar a Pedro Salinas en su ensayo El Defensor como invitación a la reflexión:

“(…) Una de las mayores penas que conozco es la de encontrarme con un mozo joven, fuerte, ágil, curtido en los ejercicios gimnásticos; dueño de su cuerpo, pero cuando llega el instante de contar algo, de explicar algo, se transforma de pronto en un baldado espiritual, incapaz casi de moverse entre sus pensamientos; ser precisamente contrario, en el ejercicio de las potencias de su alma, a lo que es en el uso de las fuerzas de su cuerpo.”.

 

1Mini-guía para el pensamiento crítico, conceptos y herramientas, Dr. Richard Paul y Dra. Linda Elder

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