“Es preciso sumar esfuerzos, para mover la locomotora del cambio”

El Dr. Raúl Aguilera Méndez, quien el pasado 26 de noviembre, recibió la distinción de mejor egresado del Doctorado en Educación con énfasis en Educación Superior y de la promoción 2013 de los programas de posgrado de la Universidad Americana, realizó una profunda reflexión sobre la realidad de la educación superior en el Paraguay.

Con más de 20 años de carrera profesional en el campo de la educación, Aguilera Méndez actualmente ocupa el cargo de Presidente de la ANEAES (Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior), el principal órgano que acredita las carreras universitarias en nuestro país.

Compartimos con ustedes sus elocuentes palabras:

Desde el origen de la educación superior en Paraguay, desde su compleja concepción liberadora y científica, sus primeros pasos, fueron guiados por espíritus convencidos que la única manera de superar los imponderables de la historia es a través de la apuesta firme y decidida de extender la enseñanza de las ciencias a la mayor cantidad de sectores, verdaderamente incluidos, de la estructura nacional.

Desde esta perspectiva, nosotros los graduados nos sentimos llamados a  aportar con responsabilidad  nuestro talento al desarrollo del país, a extender nuestras aptitudes positivamente a los núcleos menos favorecidos y a practicar la investigación científica, para actualizar prácticas y fortalecer experiencias que impulsen el cambio y la innovación. Sin embargo, investigación y extensión no bastan, es imprescindible hoy poseer habilidades sociales que nos acerquen a la mayor cantidad de personas que proyecten el mismo ideal.

En ese sentido cito a Igor Sikorsky, -pionero de la aviación rusa- quien acuñó la frase “El trabajo individual sigue siendo la chispa que mueve a la humanidad hacia adelante” y desde mi experiencia agrego a esta frase que las chispas individuales no alcanzan para encender el fuego del cambio y las transformaciones. Es preciso sumar esfuerzos, ideas, creatividad, conocimientos, sueños, expectativas y entrega solidaria para mover la locomotora del cambio en todos los contextos.

Siempre imaginé que acceder al título de Doctor constituiría la cúspide del desarrollo personal y profesional. El máximo grado al que una persona puede acceder como mérito a su esfuerzo académico. La experiencia me ha enseñado que los mayores galardones que un ser humano puede alcanzar es la consideración general de sus compañeros de trabajo y colaboradores por haber sido un líder ecuánime, un director hacendoso y diligente, o como coloquialmente decimos todos: “Es señor  jefe o una señora profesora”. Estoy muy seguro que esta calificación es la más elevada que existe, ya que conjuga sabiduría y ciencia.

Este año 2013 marca un hito en nuestras vidas y coincidentemente marca también un hito en la historia de la educación superior paraguaya. Hemos dado un gran paso como país en el nivel de la educación superior, cada uno de nosotros, desde su modesto sitial, ha aportado para dotar a la República del Paraguay, de una ley que pueda otorgar un ordenamiento responsable y llevadero al sistema de educación superior.

Nuestra nueva Ley de Educación Superior es sancionada, coincidentemente, en tiempos de recordación del bicentenario de la proclamación del Paraguay como República, independiente y soberana.

El país está dando señales positivas en cuanto a su proyección ante la comunidad de naciones, no obstante, al no impulsar transformaciones cualitativas trascendentes en la educación superior, nos hemos apeado del tren del desarrollo dando la espalda a los acelerados cambios de la sociedad por citar algunos: la integración de las culturas, nuevos aportes tecnológicos, necesidades y aspiraciones de la juventud, los novedosos métodos de la pedagogía y la didáctica, entre otros.

El Paraguay posee lo inimaginable en cuanto a lo inacabable de sus riquezas. Vale la pena aportar en este hermoso país, cultivarlo, moldearlo, proyectarlo. Solo nosotros, los que lo amamos y tenemos profundas raíces en ella podemos dimensionar sus potencialidades.

Deseo concluir con una sentencia inmortal del genial pedagogo latinoamericano Paulo Freire: “Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los alumnos no han hecho (…) Mi visión de la alfabetización va más allá del deletreo, porque implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado”.

Debemos preguntarnos desde hoy ¿Cuál es nuestra deuda con los niños y jóvenes de la República?, qué aportes hemos hecho para desarrollar su libertad de crítica, de interpelar al mundo, de conducirse autónomos ante los fenómenos sociales, de ser constructores de su destino. Debemos preguntarnos más, escuchar más, observar y conversar más con el entorno, con la realidad y ofrecer menos respuestas a preguntas que la sociedad no ha hecho y menos propuestas que la sociedad no demanda.

Tengo mucha confianza en que seguiremos cosechando éxitos para bien de nuestro país. Nuestros logros son los logros de la patria que crece junto con sus hijos. Lo logrado constituye el punto de partida. Sigamos por este camino, no nos detengamos.

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