El mito, la ideología y la utopía

Beranger

Dr. Juan Beranger – Rector de Universidad Americana

Supuestamente, estamos en plena era de la razón pero la vieja lucha entre el logos y el mito (del griego mythos: fábula) no concluye y, o bien fue cambiando sus formas o bien habrá que entender que el hombre es contenedor de ambas dimensiones y no parece que fuera a prescindir de alguno de ellos por un largo tiempo. En sí misma, también la razón se convirtió en una mítica diosa que no pudo satisfacer ampliamente las creencias y necesidades humanas.

El hombre es razón y espíritu y es la fuerza de ese espíritu lo que le permite alcanzar en el tiempo, la construcción de la razón. Viejos y nuevos mitos, viejas y nuevas utopías que parecen entenderse. La razón debe distinguir esta realidad.

El pensamiento, desde la filosofía o desde la ciencia, ha sido crítico con la mitología, sin embargo no ha podido reducir su evolución. El mito no sólo describe, también contiene valoraciones y expresa profundos simbolismos que representan la experiencia humana.

Los estudios de este fenómeno se agrupan en el corpus de la Mitología y el mito se comprende como un fenómeno cultural complejo. El mito es una narración que se inscribe en las formas lingüísticas del relato según Lévi-Strauss. Por su parte, el sociólogo Durkheim enfocó la relación entre mito y sociedad sosteniendo que el mito no se produce dentro del ámbito de la naturaleza sino como respuestas humanas ante la existencia.

Desde el campo de la psicología, fueron Freud y Jung quienes interpretaron a los mitos como configuraciones o mecanismos de la estructura psíquica del inconsciente, tanto individual como del colectivo social. El mito posee un carácter integrador de una sociedad, se viste en el ropaje de las creencias.

Podría pensarse que los mitos ancestrales pertenecen a sociedades más simples o menos complejas, sin embargo, el hombre socratesha sustituido los viejos mitos por otros nuevos y así, la sociedad va creando “nuevos dioses” y nuevos símbolos reinterpretando ancestralmente los significantes culturales. Los mitos actuales siguen respondiendo a las mismas necesidades antropológicas que los antiguos filósofos trataban de elucidar: vencer a la muerte, al tiempo, la divinidad, la ataraxia o la ausencia definitiva del dolor, entre otras cuestiones.

El ser humano, tanto el habitante de la antigua Grecia como en las actuales megalópolis, se ampara y se proyecta en sus creencias y legados. Cada pueblo y cada comunidad no está exenta de la producción mítica sean vikingos, mayas, norteamericanos o hindúes.

Mitos que se fueron renovando o asimilando en las grandes matrices religiosas. En el misterio que abona la estructura espiritual humana, aparece la necesidad de vincularse a explicaciones no siempre racionales.

Por otra parte, esas ideas y creencias también se corporizan en ideologías que sustentan explicaciones tendenciales, tanto sociales como políticas y religiosas, que operan como constructos dominantes. La ideología pretende ocupar un espacio que se relaciona de manera agonal y dialéctica con otras ideologías cuyo fin es desplazarlas, intentando legitimarse.

Las ideologías pueden ser más efímeras o vulnerables que los mitos, basados en credos; el mito parece trascender la historia, las ideologías presentan la aporía del vacío, la incertidumbre. Una ideología puede “matar” a otra, el mito puede regenerarse; a veces, la ideología se refugia en el mito para robustecerse o darle sentido mítico a su presencia.

La teoría puede dogmatizarse pero si se ideologiza, se convierte en doctrina. Lo no cuestionable de la ideologización se vuelve mítico, sagrado. Las ideologías son funcionales al poder y éste necesita de los mitos para legitimarse en el dominio. Las ideologías se sustentan en la racionalidad y los mitos apuntan al corazón, las emociones, la pasión, al temor o al odio.

Las ideologías se cargan emocionalmente de mitos. El poder se mitifica y pervive en sus dogmas. Permite que los individuos se alienen y sean funcionales al sistema. La utopía, según Horkheimer, tiene una “intencionalidad” pues crítica y propone. Las utopías proponen una forma de vida ideal. Las grandes ideologías políticas, que se traducen en doctrinas, se perpetúan en las tradiciones o símbolos míticos. Por ello, podemos colegir que “mito” y “utopía” se contraponen. El mito sedimenta lo que trae, la utopía cuestiona lo establecido, es futuro e ilusión.

La utopía necesita de símbolos y creencias, si entendemos la relación como las partes de fenómenos históricos, antropológicos y sociológicos, la utopía “desecha” el residuo negativo del mito para tomar su constitución positiva para proyectarse.

Pero si negamos el lado positivo de la utopía, quitamos “el ideal de la realidad”, el futuro se presenta poco esperanzador pues desconoce la potencia que conlleva la ilusión de un mejor mañana. ¿Cómo saber si estamos ante un “constructo” de tendencia positiva o negativa? La utopía es posible cuando sirve de guía o regulación dentro de parámetros posibles, no ante delirios o espejismos.

Mito e ideología suelen confundirse. El mito se da en el individuo como la internalización de un fenómeno o creencia y cada sector o comunidad, vive sus mitos como únicos y valederos descalificando a los de los demás.

Para Ortega y Gasset, mito y razón son contrincantes aunque admite que las ideas y las creencias van juntas. Lakatos incorpora un método para analizar lo ya creado, formulando hipótesis y descalificando lo irracional. Sostiene que la idolatría es un estado de enajenación y que el ídolo está hecho por el hombre ante el cual se inclina, haciéndose adorador.

Feyerabend sostiene que ciencia y mito tienen las mismas posibilidades pero la ciencia tiene estructura y método. Para Kolakowski no hay que descalificar a ninguno, ambos tienen marcos valorativos distintos. El mito descubre necesidades, emociones, el devenir. Puede haber creencia sin que se la racionalice. La creencia es certidumbre pues no nos permite salir de aquello en que nos reafirmamos.

Todas las manifestaciones mencionadas necesitan de relatos y rituales para expresarse. Los ritos apoyan al mito, lo alimentan. El mito es simbólico, emocional, sagrado, profano y puede oponerse a los conceptos aunque no todos los mitos partan de lo sagrado. Los mitos pueden convertir a personajes a la categoría de héroes.

Lo místico es sagrado en tanto lo mítico es profano.

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